La Muerte (XIII): también denominado Arcano sin nombre, sugiere los finales, los procesos, transiciones y los cambios. Está relacionado con la transmutación y capacidad de reinventarse.
La Templanza (XIV): establece el control y la determinación a la hora de accionar. Puede representar el poder y la fuerza en ciertas situaciones.
El Diablo (XV): establece la revelación y la experimentación, la búsqueda de diferenciarse y el gran potencial.
La Torre (XVI): presenta un nuevo punto de vista, la contemplación desde lo alto. Señala libertad y capacidad de ver absolutamente todo lo que sucede.
La Estrella (XVII): señala el espíritu de juventud, la suerte y las emociones. Está relacionada con la espiritualidad y la fe, la confianza y la esperanza.
La Luna (XVIII): es una carta que brinda reflexión, señala inseguridades y dudas. Asimismo, puede traer al presente asuntos del pasado.
El Sol (XIX): comprende el éxito y el optimismo, el renacer desde la alegría. Es vista como una carta de mucha energía y con gran potencial.
El Juicio (XX): simboliza las cuentas pendientes y la necesidad de reflexionar sobre el pasado para poder avanzar.
El Mundo (XXI): establece el mundo terrenal y las acciones concretas. Invita a dejar de lado la imaginación y llevar a cabo acciones en la vida real.
El Loco (XXII): es una carta aventurera, que marca nuevos inicios. Representa la espontaneidad, el juego, la libertad e imaginación.
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